El fascismo avanza. Nosotros sonreímos.

Lo siento. Me he cansado de escuchar que “el miedo está cambiando de bando”. ¿De verdad somos tan ingenuos?

El único miedo que tiene un capitalista es que la clase obrera (su antagónica) se organice para derrocarla. Lo demás son historias. Lo que hay es una reestructuración de los actuales Estados para adaptarse a las necesidades del sistema económico. Esto es: ante un evidente aumento de la explotación y un empeoramiento de las condiciones de vida de la clase obrera, el Estado burgués muestra cada vez más claramente su naturaleza represora. Esto no responde a un miedo a lo que tienen enfrente actualmente sino a lo que pueda surgir en un futuro, pues no existe nada ahora que suponga un peligro a sus intereses de clase por mucho que algunos hablen de “empoderamiento ciudadano”.

Prácticamente todo lo que se supone que está contra los intereses capitalistas se mueve al ritmo de lo que marca el enemigo: primarias, modas, ciudadanismo desclasado, negación de la lucha de clases, adanismo y líderes aupados por los medios de manipulación de masas. Mucho retuit y “me gusta” a eslóganes vacíos on-line y poca calle. Vamos, lo que haga falta mientras no se organice la clase obrera.

Lo poco que quedaba de organización obrera se encuentra ante uno de los ataques más bien orquestados de la historia reciente. Un viento sigiloso que maneja a su antojo a los partidos obreros como si fuesen veletas que de tanto girar se acabarán rompiendo. El papel del militante está perdiendo protagonismo y poder en unas organizaciones que aceptan la estafa de las primarias, en las cuales no son los militantes (ni los simpatizantes) quienes eligen a sus candidatos, sino la clase dominante a través de sus medios de comunicación.

Lo cierto es que los nuevos líderes, aupados por esos medios son jóvenes y están muy preparados. Hablan mucho pero dicen muy poco. Por no decir, no dicen ni la palabra “trabajadores” a pesar de ser de partidos de izquierda.

MIEDOCAMBIADEBANDO“Necesitamos adaptar el lenguaje”, “no somos ni de izquierdas ni de derechas”, “hay que aprovechar el tirón mediático pues sin salir en la TV no pasaremos del 10% en las elecciones”, etc. ¿Se trata de ganar unas elecciones a toda cualquier precio? ¿sin más? A menudo olvidamos que vivimos en un Estado burgués y que si algún día conseguimos llegar al gobierno y hacer temblar al poder económico nos sacarán los tanques y nos barrerán del mapa. Sin organizar a nuestra clase y construir un verdadero contrapoder no conseguiremos nada. Es por ello que me pregunto si lo de pretender dar la vuelta a la tortilla ganando unas elecciones se debe a una enorme ingenuidad o simplemente a que los nuevos líderes saben que nunca tocarán los intereses del capital.

Lo que más me preocupa de todo esto es el enorme poder mediático que han adquirido los nuevos líderes. Un poder que cada vez se sitúa más por encima de la propia organización. Algo muy peligroso.

En cuanto al discurso hemos pasado a tener eslóganes y conceptos molones: “el miedo está cambiando de bando”, “sonriamos”, “empoderamiento ciudadano”, “recuperemos la ilusión y la esperanza”, etc. Lo cierto es que mientras muchos griegos se ilusionan con Syriza –desconozco si llegará a cuestionar al capital en un hipotético gobierno-, Amanecer Dorado sigue creciendo. Veremos en manos de quién caemos cuando nos cansemos de sonreír y nos invada la desilusión al ver que lo del empoderamiento ciudadano era todo humo y que el miedo no ha cambiado de bando.

Mientras tanto sonreímos, el fascismo sigue gobernando en Ucrania, creciendo en Grecia y en Francia. En España se le está preparando el terreno.

9 de enero 2015

Anuncis

Moët para Le Pen

En los despachos del Frente Nacional no paran de abrirse botellas de Moët & Chandon. Sin duda alguna, el deleznable atentado a la revista satírica Charlie Hebdo es el mejor caldo de cultivo para el discurso antimusulmán de este partido fascista. Un discurso que sigue captado el descontento y apoyos entre la clase obrera en Francia.

Lo preocupante de todo esto es que Occidente es quien financia a los yihaidistas para que desestabilicen Siria de la manera más sanguinaria. ¿Qué esperan, que vuelvan al viejo continente como ciudadanos ejemplares? Lo lamentable de todo esto es que cuando estos salvajes asesinan a cientos de personas fuera de Europa a nadie parece importarle lo más mínimo. No sé si esto será eurocentrismo o que también nos hemos convertido en monstruos insensibles al dolor “ajeno”.

A priori podemos pensar que se les ha ido de las manos lo de financiar a estas monstruosidades. No diría tanto, pues hasta con estos asesinatos en París contribuyen a la islamofobia provocando el “choque de civilizaciones” entre la población francesa para desestabilizar Francia. Recordemos Yugoslavia en los 90’ o Ucrania en la actualidad. Además, el miedo que están sembrando en la población es el propicio para fortalecer el aparato represivo del Estado. Aunque los pretextos puedan ser diferentes aparentemente, las leyes represivas como la “Ley de Seguridad Ciudadana” en España, responden a la necesidad del Capital de aumentar su control ante posibles conflictos derivados del empeoramiento de las condiciones de vida del proletariado.

Lo affiche-lepencierto, es que el fascismo avanza en Europa. En los países periféricos aparecen fuerzas políticas con opciones de gobernar a base de vender esperanza e ilusión con discursos peligrosamente ambiguos. Veremos qué pasa cuando la esperanza y la ilusión sean substituidas por desesperación y desilusión. No olvidemos que mientras nos ilusionamos, Amanecer Dorado sigue creciendo y que mientras tanto, siguen los fascistas en Ucrania después de un golpe de Estado apoyado por Occidente.

Hoy, Jean-Marie Le Pen tiene motivos para sonreir (no como otros) pues empieza a tener vía libre para llegar al Palais de l’Élysée. Lo de los atentados debe importarle poco pues, al fin y al cabo, se han cargado a algunos comunistas.

9 de enero 2015

“LA OPORTUNIDAD HISTÓRICA”: TEATRO, TÍTERES Y CONVERGENCIAS

Se acerca un año cargado de elecciones y uno, que empieza a entrar en edad de riesgo por “casta política”, empieza a observar cómo prácticamente toda la actividad política se centra en el teatro mediático-electoral.

LIBERTADDigo teatro porque el proceso que estamos viviendo desde hace meses, se parece más a una función artística que a un proceso electoral. Reúne elementos de sobra para ello: dificultades, espectáculo, primarias, tensión, esperanza, actores, candidatos, mesías, buenos intérpretes y unos “malos de la película” que casi consiguen que nosotros –los espectadores- nos levantemos cabreados del sofá, aunque sea para ir a por una birra. Y esto, amigos, es lo más dramático de todo.

Ante una “oportunidad histórica”

Los principales títeres llevan meses advirtiéndonos de la importancia de las elecciones del 2015. Nos dicen que son “una oportunidad histórica” o “la última oportunidad” que vamos a tener para cambiar “las cosas”. Supongo que cuando hablan de “cambiar las cosas” se referirán a un cambio de partidos y políticos, esto es, un cambio de caras, ya que con unas elecciones poco más se puede cambiar si no hay detrás una organización y una movilización suficientemente importantes. Como no es así, entiendo que nada va a cambiar después de las elecciones. Seguiremos siendo explotados, sufriendo el paro y pasándolas canutas para sobrevivir. El mundo no se acabará en 2015.

Acabar con la corrupción

¡Tranquilos, los salvadores están decididos a acabar con la corrupción! –Y yo que pensaba que el problema era el sistema, que es corrupto(r) per se. Aún así, estas marionetas sólo pretenden acabar con la parte secundaria de ésta: los corruptos. No así con los corruptores, parte imprescindible para que haya corrupción.

Había olvidado que quienes regalan horas de televisión a nuestros queridísimos intérpretes son los titiriteros del reino. No nos engañemos, estos titiriteros son quienes ostentan el poder económico. Quienes manejan todo en la sombra; dirigen la política sin presentarse a unas elecciones; ofrecen a las masas la realidad manipulada en sus medios de comunicación; nos imponen la moda de las primarias y aúpan al candidato que más les conviene cargándose nuestra democracia; crean corrupción por dónde pasan, aunque nadie les denuncie por ello; etc…

La farsa de la política tele-dirigida

Hemos pasado en pocos meses de hacer política a perder el tiempo con su farsa. El poder económico, a través de sus medios de manipulación, sus voceros y sus salva-patrias, han conseguido que sigamos sus directrices. Nos han dicho cómo, dónde, con quién y cuándo organizarnos. Mejor dicho, cómo desorganizarnos para no ser una alternativa política real. Y hemos aceptado llegando al punto de creer que únicamente ganando unas elecciones se puede transformar la realidad.

Por ello, desde hace meses, los títeres salva-patrias sólo hacen que vendernos esperanza mientras devoramos nuestra ración de palomitas en el sofá. Estos miserables han aprovechado nuestras dificultades y necesidades para que creamos en ellos. Captar el descontento mediante la búsqueda de fe ciega a través de eslóganes vacíos y discursos ambiguos, el culto al líder, presentarse como “lo nuevo” frente a “lo viejo”, la continua negación de la lucha de clases, el no cuestionamiento del sistema económico o el desprecio hacia todo aquello que no se suba a su carro, sienta -como mínimo- las bases para algo muy peligroso.

¡Converged, malditos!

Mientras tanto, nosotros estamos en offside pensando como subirnos a la moda, perdiendo el tiempo en estupideces para que no nos llamen anticuados, anquilosados o sectarios. Es paradójico: tenemos miedo de que esos calificativos vengan de parte de esos que mantienen un sistema y un discurso de hace más de dos siglos y que restringen la política a las élites económicas y sus perros falderos. ¡Qué modernidad!

“¡Hay que converger!” –nos dicen desde los medios del capital. Pues eso hacemos algunos: converger con nuestros compañeros de trabajo, con las amigas o con el vecino de enfrente. Y parece ser que este tipo de convergencia no les gusta. Tienen miedo a aquellos capaces de organizar a su clase (y a una sociedad entera). Por ese motivo potencian a determinados títeres, como en los años 20 y 30. No vaya a ser que algún día les volvamos a dar un susto.

Quina cosa més rara!

Resulta ser que hi ha corruptes. Menuda novetat!

És un tant estrany que els mitjans que són propietat del gran capital mostren diàriament els casos de corrupció que han tapat durant dècades. Una corrupció que és inherent al propi sistema i que ells, els propietaris dels mitjans, n’eren ben coneixedors.

Llavors, deuríem preguntar-nos per què destapen tants casos d’un temps ençà. La resposta la trobem en l’empitjorament de les condicions de vida de la classe obrera y en les reaccions que aquesta puga tenir.

En aquest sentit, no és d’estranyar una operació per part del capital de reconduir el descontent cap a un terreny en el que no perillen els seus interessos de classe. Per aquest motiu els mitjans, per ser part del propi sistema corrupte, destapen els casos de corrupció com si foren fets aïllats del poder econòmic. És a dir, com si el problema fora la política o eixe invent de “classe o casta política”. I és què, reproduir els casos de corrupció per tal de cabrejar-nos i fer que ens desencantem de la política o que acabem en mans de “salva-pàtries” només ens porta a un lloc: “usted haga como yo y no se meta en política”. Per sort o per desgracia, ja sabem cap on ens porta la criminalització de la política.

I és què, al capital li és igual tindre a Pep o a Joan com a polític al seu servei. L’únic requisit és eixe: actuar al seu servici. El que està clar és que a la classe dominant no li tremola el pols per desfer-se dels seus sequaços i trobar-ne de nous, els quals ens vendran com a salvadors mentre asseguts al sofà esperarem “como agua de mayo”. Però aquest ja és altre tema.

Crisi a l’aldea

Les circumstancies feren que la majoria dels joves treballadors amb una mínima formació abandonaren l’aldea. La demanda de ma d’obra especialitzada els treia del poble amb pinces però massa ràpidament.

A la vila quedaven la resta. Aquells que sofrien més el sistema, encara que no se’n adonaren de qui tenia la culpa. Eren rudes, toscos, ignorants i basts, però bona gent. Una mescla de bondat i ignorància que els convertia en carn de canó. Éssers vius fàcilment manipulables pels poderosos del poble. Patrons, cacics i feixistes –valga la redundància- que impedien que els conscients de la situació transformaren la realitat. Els lladres de tota la vida que havien abusat del poble treballador sota màscares distintes però sent sempre els mateixos. Oferien catarsis col·lectives, Déus i circ als ignorants. Molt de circ. Potenciaven qualsevol activitat que no requerirà un mínim esforç intel·lectual al mateix temps que convertien les escoles o les biblioteques en simples edificis decoratius.

ellnoAquells treballadors que havien deixat l’aldea tornaven de quan en quan. Tots i totes coincidien en que les coses empitjoraven massa ràpid al poble. En vegada de trobar antics veïns trobaven sers cada volta més tribals que necessitaven drogues per a evadir-se de la dura realitat o que tractaven de demostrar la seua masculinitat mitjançant ritus i tradicions arcaiques. Molts dels que havien eixit del poble eren un tant estirats. Es veien superiors a la resta per tenir uns coneixements determinats (o un títol), però no ho eren. Aquesta actitud establia una barrera entre els formats i els no formats, la qual cosa reduïa determinats coneixements a una minoria (tal com necessitaven els patrons). No obstant, qui millor coneixien la realitat eren un pocs treballadors que quedaren a l’aldea. Aquests eren els més conscients de la voràgine que arrossegava a la majoria de treballadors contra els seus interessos. Ells no pensaven en abandonar l’aldea sinó en transformar-la a pesar de tenir tot en la seua contra. Una tasca molt dura, dificultosa i sobretot, llarga. Poc a poc, anaven fent camí.

Els poderosos del poble, que veien perillar els seus interessos, decidiren organitzar-se per combatre als revolucionaris. Hi havia dues maneres de fer-ho: a) el feixisme i b) els falsos revolucionaris. Aparentment diferents però amb el mateix objectiu. Amb tots els mitjans al seu alcans aconseguien controlar a les masses. Els primers reclutaren obrers per a la reacció mentre que els segons per a la desorganització i el pessimisme, amb un objectiu màxim de “guanyar” unes eleccions. Això sí, les proclames, les sigles, les banderes o els noms eren similars als revolucionaris car el seu objectiu era enganyar i marejar a les masses. A l’hora de la veritat aquests complien amb les demandes del seus amos: garantir l’explotació, regalar bens públics, prebendes, etc.

Els revolucionaris anaven rossegant poc a poc les bases del podrit sistema com si foren vells talps. Units, pacients, incansables, perseverants i conscients de que la veritat és sempre revolucionaria, foren invencibles.

Claudicar o callar davant una injustícia. Convertir-nos en còmplices

Una injustícia s’ha de combatre. Acceptar-la ens converteix en part d¡ella.

Alguna cosa semblant ocorre amb la reforma de la Llei electoral del PP. Molts, en vegada de plantejar mobilitzar-se per tombar-la, han optat per acceptar-la i començar la carrera per a tenir candidatures que agrupen a totes les forces “progressistes”. Es tracta de convergir sí o sí, oblidant que la convergència és un procés lent i que no és ni serà una suma de sigles ni una opció electoral, sinó el producte del treball diari en la societat. Però sobretot, amb poca voluntat de lluitar contra aquesta caciquista llei. Pareix que a més d’un li ha vingut bé.

4 TPer si fora poc, les formes de convergència pareix que estiguen donades ja així com les exigències tan greus per part d’alguns com demanar la desaparició del PCE. Quasi res! I jo que pensava que l’enemic era de classe. Açò només indica que o bé s’equivoquen, o són enemics de classe (nostres)

Per si no cola aquesta exigència, hem de llevar la nostra simbologia (el martell i la corbella) per si espantem a algú. Vaja, curiosament el règim feixista d’Ucraïna ha començat un procés per a prohibir aquest símbol. Un règim, sorgit d’un cop d’estat que està massacrant a les poblacions que s’han oposat a ell. Però clar, condemnar-lo no és una prioritat. Deu ser que tampoc és “ni d’esquerres ni de dretes”.

Recordeu el que va succeir a Espanya a partir del 1936?

Hem de tenir clar que la indiferència o la neutralitat davant d’una injustícia ens converteix en còmplices.

M’indigna eixa equidistància amb el que ocorre a Ucraïna o a Palestina, tractant per igual a les víctimes com als botxins; el discurs interclassista i la negació de la lluita de classes, l’ambigüitat amb temes com l’avortament o la denúncia del sistema criminal. Podria dir, que més que indignar-me, em preocupa.

No vull ni imaginar quan il·legalitzen al Partit Comunista. L’acceptaran?

I quan ens porten cap al paredó? Callaran?

El capital, el fascismo y sus charlatanes

En 1914, un tal Benito Mussolini fue expulsado del Partido Socialista Italiano por apoyar la intervención italiana en la 1ª Guerra Mundial. Una intervención que chocaba con los intereses de clase del proletariado.

A pesar de su pasado socialista, él ya no era partidario de la lucha de clases. Ya hablaba de nacionalismo interclasista. Gracias a esto y a la ayuda de la industria armamentística fundó los periódicos Il Popolo d’Italia y Fasci Rivoluzionari d’Azione Internazionalista para convencer a los trabajadores de que apoyasen la intervención italiana y ya de paso, para negar la existencia de lucha de clases.

C7E2A3C19Mussolini continuaba hablando de revolución. Pero ya no le otorgaba al proletariado el papel de sujeto revolucionario sino que este papel de dirigente de vanguardia lo podría desarrollar cualquier sujeto de otra clase social. Para Mussolini, la nación era lo único que prevalece, por encima de las clases sociales. No obstante, en su discurso seguía manteniendo que era socialista y revolucionario. Le hubiese sido muy difícil arrastrar a los obreros sin autodenominarse socialista y revolucionario.

Después de la finalización de la 1GM, Mussolini ya hablaba de la necesidad de un hombre “despiadado y enérgico” como líder de masas. Además, expresó públicamente su renuncia al socialismo y ya empezaba a hablar de una “vieja clase política”.

¿Quién iba a decir que aquel joven socialista llegaría a ser aquel dictador fascista? Lo cierto es que no le faltaron apoyos del capital, a quienes cuando era militante del PSI tomaba por enemigos de clase. Gracias a estos pudo tener medios de comunicación a su disposición. Y es que el capital sabe jugar. Tenían que hacer frente al peligro del socialismo y para ello crearon el fascismo, el cuál nace con un discurso y unos eslóganes similares a los socialistas, comunistas y revolucionarios. Pero en el fondo de todo está el desarme ideológico de la clase obrera, la negación de la lucha de clases y la desarticulación de las organizaciones obreras mientras el capital sigue explotando a nuestra clase. El fascismo no es más que eso.

¿Qué sería del capital sin el fascismo y sus charlatanes? –Por desgracia, siguen abundando en nuestra época. Porque no podemos ignorar que el capital necesita crear caudillos disfrazados de revolucionarios. Hombres “despiadados y enérgicos” que ataquen a “castas políticas”, que creen confusión hablando de ciudadanos y no de clases. Unos charlatanes que sutilmente nieguen el papel de sujeto revolucionario a la clase obrera y que en definitiva, nieguen la lucha de clases. Hombres, que al final acaban creyéndose dioses. 

PD: No pudiste, Benito. Dios no existe.

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