El capital, el fascismo y sus charlatanes

En 1914, un tal Benito Mussolini fue expulsado del Partido Socialista Italiano por apoyar la intervención italiana en la 1ª Guerra Mundial. Una intervención que chocaba con los intereses de clase del proletariado.

A pesar de su pasado socialista, él ya no era partidario de la lucha de clases. Ya hablaba de nacionalismo interclasista. Gracias a esto y a la ayuda de la industria armamentística fundó los periódicos Il Popolo d’Italia y Fasci Rivoluzionari d’Azione Internazionalista para convencer a los trabajadores de que apoyasen la intervención italiana y ya de paso, para negar la existencia de lucha de clases.

C7E2A3C19Mussolini continuaba hablando de revolución. Pero ya no le otorgaba al proletariado el papel de sujeto revolucionario sino que este papel de dirigente de vanguardia lo podría desarrollar cualquier sujeto de otra clase social. Para Mussolini, la nación era lo único que prevalece, por encima de las clases sociales. No obstante, en su discurso seguía manteniendo que era socialista y revolucionario. Le hubiese sido muy difícil arrastrar a los obreros sin autodenominarse socialista y revolucionario.

Después de la finalización de la 1GM, Mussolini ya hablaba de la necesidad de un hombre “despiadado y enérgico” como líder de masas. Además, expresó públicamente su renuncia al socialismo y ya empezaba a hablar de una “vieja clase política”.

¿Quién iba a decir que aquel joven socialista llegaría a ser aquel dictador fascista? Lo cierto es que no le faltaron apoyos del capital, a quienes cuando era militante del PSI tomaba por enemigos de clase. Gracias a estos pudo tener medios de comunicación a su disposición. Y es que el capital sabe jugar. Tenían que hacer frente al peligro del socialismo y para ello crearon el fascismo, el cuál nace con un discurso y unos eslóganes similares a los socialistas, comunistas y revolucionarios. Pero en el fondo de todo está el desarme ideológico de la clase obrera, la negación de la lucha de clases y la desarticulación de las organizaciones obreras mientras el capital sigue explotando a nuestra clase. El fascismo no es más que eso.

¿Qué sería del capital sin el fascismo y sus charlatanes? –Por desgracia, siguen abundando en nuestra época. Porque no podemos ignorar que el capital necesita crear caudillos disfrazados de revolucionarios. Hombres “despiadados y enérgicos” que ataquen a “castas políticas”, que creen confusión hablando de ciudadanos y no de clases. Unos charlatanes que sutilmente nieguen el papel de sujeto revolucionario a la clase obrera y que en definitiva, nieguen la lucha de clases. Hombres, que al final acaban creyéndose dioses. 

PD: No pudiste, Benito. Dios no existe.

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