Fuga de cerebros. Ellos se quedan, ellos se van.

Desde hace unos meses circula por las redes sociales una imagen que trata de advertirnos de que los jóvenes con estudios se van al extranjero mientras que “el resto” se queda. A muchos les preocupa esa situación. A algunos incluso les parece graciosa. A mí, en cambio, me preocupa lo que hay detrás de esa imagen.

Con los efectos de esta crisis estructural del capitalismo (pocos habrán escuchado esto en su facultad de economía), se ha disparado la desigualdad y el hambre (aunque ahora lo llamen desnutrición). Cada vez son más los que van engrosando las listas del paro, quienes buscan comida en la basura, quienes trabajan sin contrato por salarios míseros o quienes no pueden permitirse ni pagar las medicinas.

Para evitar que haya una respuesta ante tanta injusticia, los capitalistas llevan tiempo colando el mensaje de que “hacen falta emprendedores”. Aunque lo parezca no se refieren a millones de trabajadores y trabajadoras que se levantan diariamente para emprender su trabajo y poder comer. Cuando dicen “emprendedores” se refieren a empresarios, pero debe ser que no deben estar muy bien vistos y han decidido cambiarles el nombre. Por ejemplo, en abril de este año se crearon un 30% más de empresas en España pero todo siguió igual (o peor). Aun así, siguen con el mensaje de que hay que ser emprendedores.

¿Y qué pasa con el resto que no nos convertimos en emprendedores? – Que somos unos perdedores. Así de claro.

Nos están vendiendo día tras día que la solución a nuestros problemas sólo puede ser de forma individual, que no debemos creer en Partidos políticos, sindicatos ni movimientos sociales. Sólo en nosotros. Es como una nueva forma de perseguir el sueño americano pero en los infiernos de la vieja Europa sureña. Amancio Ortega debe ser el ejemplo a seguir por todos los perdedores.

¿Cómo se puede sustentar esta situación? -Según Margaret Thatcher y su idea de los dos tercios, las clases altas podían seguir explotando tranquilamente siempre que no hubiese más de un tercio de la sociedad en la miseria. En la actualidad tienen trabajo unos 17 millones mientras que 6 millones están sin poder trabajar. Según esta teoría de los dos tercios, los parados son los perdedores de este “juego”. Los otros 17 son unos privilegiados por tener trabajo aunque estén trabajando por 400 euros.

Esta visión de ganadores y perdedores va calando en el pensamiento de miles de trabajadores y trabajadoras que se van dividiendo más y más. El cuento de ganadores y perdedores se aplica por ejemplo a hombres y mujeres, fijos y precarios, y finalmente entre quienes han estudiado y quiénes no. Pocos hablan de capitalistas y obreros (parásitos y trabajadores).

Se ha hablado mucho de los ni-ni, jóvenes que ni estudian ni trabajan, sin importar por qué ni como han llegado a esa situación. En cambio, muchos estudiantes o titulados empiezan a creerse el mensaje subliminal: “eres un futuro ganador, ellos son los perdedores”. Incluso algunos llegan a creer que pertenecen a una clase social superior, como si no fuesen explotados en un laboratorio o dando clases en un colegio. Se desprecia a todo aquel que se encuentra “por debajo” mientras se admira a quienes están “por arriba” aunque estos últimos estén viviendo de nuestro sudor.

Es una lástima que a muchos les preocupe que los asalariados formados en las universidades (biólogos, químicos, ingenieros…) se tengan que marchar al extranjero para ganarse la vida mientras no les preocupa que se marche un albañil o un carpintero.

También resulta curioso que hace unos años nos decían que los inmigrantes venían a robarnos el trabajo y ahora nos dicen, en cambio, que nuestros jóvenes emigrantes van a ganarse el pan. A estas alturas nadie negará que la emigración es un drama sea cual sea su procedencia o tenga formación académica o no.

El problema es que quieren que pensemos que aquellos “que se quedan” por no haber estudiado son unos perdedores, un desperdicio social o “la chusma”. Y esto es muy peligroso. Nos están dividiendo mientras ellos se van de rositas. Esto es la lucha de clases.

PD. Recuerda Olmo: siempre serás un Dalcó.

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