Historia de un pueblo más

Aquel era un pueblo como cualquier otro de su alrededor.

t_13_12_2011Su biblioteca abría dos tardes por semana pues era más necesario destinar dinero a la fiesta de la tauromaquia que a la lectura. Tampoco es que hubiese muchos usuarios para darle uso a aquel simple salón de lectura ni ningún interés institucional por hacerlo útil. Por su parte, la escuela se había convertido en un pasatiempo para unos y un concurso de egoístas con aspiraciones personales para otros.

La catequesis dominical nunca había dejado de ser socialmente necesaria. No porque hubieran muchos creyentes en el pueblo, al contrario, eran muy pocos. De hecho no creía ni el cura, que necesitaba seguir viviendo del cuento (nunca mejor dicho). Aun así, muchos de los no creyentes destinaban parte de su bajo salario a lucir vestimenta los días de festividad religiosa. Una ropa que debían comprar fuera ya que las tradicionales tiendas habían desaparecido por culpa de la moda de comprar en las grandes superficies, a pesar del daño que estas hacían a la economía local y a los salarios de los trabajadores y las trabajadoras. Al final sólo quedaron bares en los que discutir de temas banales y ver fútbol. Eso sí,  a pesar de sus buenas cocinas, la dieta mediterránea fue sustituida por el menú  de McDonald.

En cuanto a la música, los habitantes optaron por gastarse parte de su salario en ir a conciertos de cantantes como Bisbal o Pitbull mientras dejaban de ir a escuchar gratuitamente a los vecinos y vecinas que formaban la Banda del pueblo. La Escuela de música acabó desapareciendo pues nadie quería ser un músico sin público.

También resulta curioso que fue un pueblo de amantes del deporte que no tenía deportistas. Los niños y niñas habían sustituido (que no complementado) los juegos tradicionales por los tecnológicos. Así, mientras todo su futuro se derrumbaba como un castillo de naipes, ellos se cegaban con la pantalla. Ahora bien, del pueblo salieron siete concursantes de Gran Hermano, un colaborador de Sálvame y un contertulio de la Ser. Todos estos fueron declarados “Hijos honoríficos del pueblo”.

Por su parte, las administraciones sanitarias optaron por quitar primeramente los consultorios de aquellos municipios donde la gente no protestase por perderlos. Así acabó ocurriendo en nuestro querido pueblo. ¡Cómo iban a luchar sus habitantes por un pequeño consultorio cuando no luchaban ni por unas condiciones dignas en el trabajo! Muchos decían no poder permitirse hacer huelga porque no podían perder un jornal. En cambio, no dudaban en gastarse el doble en la cena de empresa para mostrar fidelidad y obediencia al empresario.

Finalmente, el pueblo se convirtió en una villa pacífica pues resultaba muy difícil discutir mediante monosílabos, tal y como acabó reducida su lengua. No obstante, la vecindad dominaba los monosílabos de 3 o 4 lenguas de otras tierras. De poco les sirvió saber tantas lenguas. El futuro ya no era suyo.

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